Querida desconocida,

Usted no me conoce, ni yo la conozco a usted, pero hoy se ha dirigido a mi hija en la calle sin conocerla. La ha visto sola y ha creído que era necesario preguntarle, interesarse por ella. Quiero darle las gracias por ello, por ver a mi hija en un mundo donde cada vez se ve menos a los otros y se mira más el móvil. Creo que sus intenciones eran buenas. Al menos eran buenas hasta que le dijo a una niña de 7 años que lo que estaba haciendo no estaba bien, que era demasiado pequeña para ir al colegio sola.
 
Usted sin conocerla, sin conocerme/nos, sin saber las circunstancias la juzgó, me juzgó, sin importarle el impacto que su juicio podría tener en ella. Y no la dejó tranquila hasta que mi hija se tragó su ninguneada y vapuleada ilusión y se giró para mostrarle que en realidad no iba sola, porque su bisabuela, su hermano y su madre estaban siguiéndola 7 metros para atrás.
 
Ese hubiera sido un magnifico momento para que usted, desconocida, viniera y me manifestara a mí sus opiniones y hubiéramos hablado de adulta a adulta de esos valores que no pudo callarse ante mi hija. Pero ha preferido irse. Los niños son dianas mucho más fáciles que los adultos.
 
A usted que no la conozco y que no me conoce si hubiese venido a pedirme explicaciones le hubiera dicho que llevo 7 y 5 años preparando a mis hijos para que sean responsables en la calle, que sé cuales son sus fortalezas y sus debilidades, que he empezado a entrenarlos para ir solos por la calle porque mi hija me lo ha pedido, que no ha sido una iniciativa mía sino suya, que quiero fomentar la autonomía de mis hijos y respetar su ritmo en la medida en que mis miedos y limitaciones me lo permitan, que hemos llegado a un acuerdo con mi hija porque aunque ella está lista su hermano pequeño y yo no lo estamos, que nuestro acuerdo es que ellos dos vayan delante como si fueran solos y yo detrás sin intervenir.
 
También  le hubiera dicho que llevo días hablándole de las normas para poder ir solos y haciéndoselas repetir hasta la saciedad: no se puede cruzar por medio de la calle, hay que buscar siempre el paso de peatones, hay que mirar antes de cruzar, hay que darse de las manos si van los dos, no se habla con extraños a no ser que necesitemos ayuda, hay que buscar el paso de peatones que tiene al policía dando el paso.
 
Que aún a pesar de que mi hija me lo ha pedido y yo voy siempre detrás de ellos, no les hubiera permitido hacerlo si no fuese porque he valorado los riesgos y he llegado a la conclusión de que los factores protectores que se dan son favorables: hay 3 colegios juntos y eso genera un gran volumen de familias que caminan en la misma dirección a la misma hora, que es una ciudad pequeña donde todo el mundo se conoce, que todo el trayecto hacia los colegios está marcado con señales de "camino escolar", que los pasos de peatones son muy visible porque están marcados en rojo y blanco, que los coches respetan los pasos porque saben que hay muchos colegios en esa área, que si no hacemos esta práctica aquí y ahora no vamos a poder hacerla en mucho tiempo porque en Qatar hay que desplazarse en coche...
 
Que privar a mis hijos de su autonomía es un acto egoísta que sólo satisface a mi necesidad de control y a mi incapacidad para soportar la incertidumbre de lo que pueda pasar y el miedo de que resulten heridos. Que hay cosas que uno no puede evitar y que cuando más protegida estaba mi hija fue cuando tuvo el mayor accidente de su corta vida. Que quiero que crezcan pensando que el mundo es un lugar seguro, porque creo firmemente en ello, en la bondad de las personas, pero como que tampoco soy una ilusa se que hay contadísimas ocasiones en que esto no es así e intento prevenirlos sin asustarlos.
 
También le hubiera dicho que es mi derecho y obligación como madre saber cuando mis hijos están preparados para ir al colegio y no la suya. Que no estoy obligada a hacer una consulta popular para decidir sobre la vida de mis hijos.
 
Así que querida desconocida la próxima vez que vea a un niño en la calle le agradecería que antes de intervenir observara las circunstancias porque hay muchas pistas que nos indican cuando algo no va bien: el niño parece desorientado, está llorando, es un lugar poco transitado, inseguro, con demasiado tráfico, lejos de un colegio, centro deportivo, biblioteca, es de noche, alguien está mirando al niño de forma inadecuada... Si detecta estas o otras señales de alarma entonces es el momento de sacar a la buena ciudadana que hay dentro de usted y acercarse al niño con cariño para preguntarle si está perdido o si necesita algo. Pero recuerde: 
 
LOS HÉROES NO JUZGAN, AYUDAN.

 

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